Los hay que son egoístas, que solo son capaces de mirarse al espejo y hacer lo que sea y como sea con tal de ganar. Son los malos de la película. Otros, en cambio, riñen a los compañeros en el pelotón, protestan, escriben cartas que luego van a parar a la papelera y además triunfan de forma honrada, muchas veces sin acabar de comprender qué es lo que ocurre y quién tiene la culpa.

A Óscar Freire se le podría considerar el elegido entre estos últimos. Su voz crítica, su espíritu rebelde y progresista, su facilidad para poner los puntos sobre las ies mantiene a menudo ese espíritu de esperanza para seguir admirando a muchos ciclistas. Freire es de aquellos que muchas veces ha pensado si era mejor echar el freno a la bici. Se ha irritado por pagar en ocasiones por los pecados de otros.

Una vez se plantó en la puerta de su casa suiza alguien con un bloc y un boli.
Le pidió un autógrafo. Se lo firmó. “Soy inspector y estoy aquí para un control antidopaje por sorpresa”. No le quedó otra que hacer pipí en su presencia.

Freire y su amigo Pedro Horrillo fueron los únicos ciclistas que en junio del 2002 secundaron la huelga general contra el Gobierno de José María Aznar y se negaron a disputar la etapa de la Volta a Catalunya que terminaba en Andorra.

Más información en:elPeriódico.com


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